«No criaré al hijo de otro» — Entonces el médico miró la firma del análisis

Marco lanzó el documento sobre la mesa del médico con tanta fuerza que Elena se sobresaltó.

—¡No voy a criar al hijo de otro hombre!

Elena, embarazada de siete meses, se llevó una mano al vientre.

—Marco… tú ni siquiera te has hecho una prueba.

El doctor Ricci dejó de escribir.

—¿Puedo ver ese documento?

Marco lo empujó hacia él.

En la parte superior aparecía el nombre de la clínica. Debajo, un supuesto resultado afirmaba que Marco no podía ser el padre del bebé.

Al final estaba la firma del doctor.

Ricci la estudió durante varios segundos.

Después levantó la mirada.

—Esta es mi firma.

Marco soltó una risa amarga.

—¿Lo ve?

El médico terminó la frase:

—Pero yo jamás firmé este documento.

La consulta quedó en silencio.

Elena dejó de defenderse.

Miró directamente a su marido.

—¿Quién te dio ese papel?

Marco tomó rápidamente el teléfono que estaba sobre la mesa y se lo guardó en el bolsillo.

Demasiado rápido.

Elena lo vio.

También el médico.

—Marco, dame el teléfono.

—No tiene nada que ver con esto.

—Entonces, ¿por qué lo escondes?

Marco se levantó.

—No tengo que demostrarte nada.

El doctor Ricci habló con calma.

—Tenemos que averiguar de dónde salió este documento. Alguien utilizó el nombre de la clínica y falsificó mi firma.

Marco se dirigió hacia la puerta.

Entonces su teléfono vibró.

La pantalla se iluminó.

Elena alcanzó a leer:

CLAUDIA: ¿Borraste nuestros mensajes?

Se quedó pálida.

—¿Quién es Claudia?

Marco no respondió.

Elena conocía aquel nombre.

Claudia trabajaba con él.

Durante meses, Marco había insistido en que solo eran compañeros.

El médico llamó a la administración de la clínica.

El número del supuesto informe no existía.

Nunca se había registrado ninguna muestra de Marco.

No se había realizado ningún análisis de paternidad.

Todo era falso.

Elena volvió a mirar a su marido.

—¿Tú lo sabías?

—Me dijeron que era auténtico.

—¿Quién?

Silencio.

Elena extendió la mano.

—El teléfono.

Marco terminó entregándoselo.

Ella abrió la conversación con Claudia.

Esperaba encontrar una aventura.

Encontró algo peor.

Tres semanas antes Marco había escrito:

Tiene que parecer real. Usa el nombre del médico que la atiende.

Claudia contestó:

¿Y si llama a la clínica?

No lo hará. Estará demasiado destrozada.

Elena sintió que le faltaba el aire.

Siguió leyendo.

Marco llevaba meses manteniendo una relación con Claudia.

Quería terminar su matrimonio, pero no quería admitir ante su familia que era él quien había sido infiel.

Así que decidió inventar una traición de Elena.

Su plan era convencerla de que el bebé no era suyo y conseguir que ella abandonara la casa.

—¿Por qué? —preguntó Elena.

Marco se pasó una mano por el rostro.

—Lo nuestro ya estaba acabado.

—Entonces podrías habérmelo dicho.

—No quería ser yo quien destruyera la familia.

Elena lo miró sin poder creerlo.

—¿Así que preferiste hacer creer que la había destruido yo?

Marco bajó los ojos.

El doctor colocó el falso informe dentro de una funda.

—La clínica tendrá que denunciar esta falsificación.

Marco se puso nervioso.

—No hace falta involucrar a nadie más.

Ricci respondió:

—Han falsificado un documento médico y mi firma. Sí hace falta.

Elena no lloró.

De pronto se sentía extrañamente tranquila.

Se levantó con cuidado.

—¿Adónde vas? —preguntó Marco.

—A irme.

—Tenemos que hablar.

—Has tenido semanas para hablar.

Señaló el documento.

—En lugar de eso preparaste esto.

Elena pasó las siguientes semanas en casa de su hermana.

Después del nacimiento de la niña, una prueba real, realizada correctamente, confirmó lo que Elena nunca había dudado:

Marco era el padre.

Pero aquello ya no salvaba el matrimonio.

La clínica colaboró con la investigación.

Claudia reconoció que había modificado un modelo de informe y copiado la firma del médico a petición de Marco.

La relación entre ambos terminó poco después.

Elena solicitó el divorcio.

Marco intentó varias veces recuperarla.

—Tenía miedo —le dijo una vez.

Elena negó con la cabeza.

—Miedo es decir una mentira en un momento de desesperación.

Le mostró una captura de sus mensajes.

—Tú planeaste humillarme.

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